miércoles, 2 de agosto de 2023

Feminismo Humanista

 



Feminismo Humanista

Roman J. Duque Corredor

 

En seminarios y talleres a los que he asistido, aprovechando una pasantía académica, he tenido la oportunidad de escuchar conferencias y de leer sobre la violencia y dentro de sus diferentes modalidades expuse mis ideas sobre la violencia de genero, destacando que por definición no es propiamente una violencia interpersonal, o simplemente la violencia contra la pareja o la violencia doméstica, sino la que la determina el género al cual pertenece la mujer. La ONU la llama "violencia sexista" tanto pública como privadamente. Comparto la tesis que sostiene que la violencia de género es un término que va más allá de la violencia personal, por lo que configurarla como la interpareja o domésticamente, es reducir su concepto, porque si bien es verdad que es la violencia que se comete contra mujeres, la violencia de género comprende no solo la que ocurre en el ámbito familiar o conyugal, sino también en el ámbito público o colectivamente que afecta al sexo femenino, y no sólo la violencia sexual, sino también la psíquica, la económica, laboral o social, con la trata de blancas, o en las migraciones , las vejaciones, la esterilización obligatoria o abortos compulsivos y la esclavitud.

Por ese carácter funcional sexista, hoy el tema de la violencia de genero forma parte de la política social y de salud pública, en las cuales cobra importancia la prevención y por tanto, el análisis de sus causas, la conducta de los agresores, del tratamiento de las víctimas, las reparaciones de los daños y la satisfacción de sus necesidades.

El estudio del tema y la lectura del artículo "Violencia; Guerra y Paz",  de José Luis Del Castillo Campos , O.S.A.,*consistir principalmente en el cambio del poder social entre el hombre y la mujer, como lo exponen A. María Rivas y Ma. José Rodríguez en su ensayo "Mujeres y hombre en conflicto. Trabajo, familia y desigualdades de género" (Madrid 2008) *, es decir, en la paridad para hombres y mujeres, que es el tercer objetivo del milenio según la ONU. En este orden de ideas, se dice que el factor de esa paridad o equivalencia es la superación o cambio "en la asimetría que se basa en la comprensión del rol del varón como aquel que da protección a cambio de sumisión y control" (Vid, F. Expósito, "Violencia de género. Mente y Cerebro")**. Concepto este que favorece la dependencia y la violencia de género, por lo que se afirma, que en consecuencia, que la concientización de las propias víctimas en rechazar las formas de violencia es un medio de evitar su justificación.

De allí, que dentro de este contexto, he encontrado en la doctrina social de la Iglesia, un basamento filosófico de esa paridad entre el hombre y la mujer, que dota al feminismo de una carácter humanista. En efecto, esa paridad es fruto de la idéntica dignidad humana de ambos sexos y de su creatividad propia ( "Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia", Comisión Pontificia de Justicia y Paz) , que San Juan Pablo II desarrolla en su "Carta a las Mujeres " de 1995 y que Benedicto XVI, en su Discurso en el XX Aniversario de la Carta Apostólica " Mulieres Dignitatem", considera que la desigualdad obedece al hecho de que la mujer es subestimada y discriminada por su sola condición femenina, para lo cual se recurre como justificación a argumentos religiosos y culturales y a presiones sociales y familiares. Por lo que, según Benedicto XVI se impone promover " una cultura que reconozca a la mujer, en el derecho y en la realidad de los hechos, la dignidad que le compete" . Cultura está, en mi concepto, consiste en valorar a la mujer no sólo como madre o esposa, sino como ciudadana integral, con plenitud de derechos y de oportunidades.

La consideración de la paridad entre el hombre y la mujer en razón de su idéntica naturaleza de ser humano, es la base del feminismo humanista, que por definición no es competitivo, ni excluyente.

 Madrid, 8 de junio de 2017

* Vid, "Pensamiento Socialcristiano" de José Manuel Caamaño y Pascual Cebollada, SJ (eds.), Universidad Pontificia IACAI ICADE Comillas, Madrid 2015, PP 195/222
** Citados en "Pensamiento Socialcristiano" de José Manuel Caamaño y Pascual Cebollada, SJ (eds.), mencionado, P. 207
** Ibídem

Derecho energetico y Derechos Humanos

 

Derecho energetico y Derechos Humanos



Leccion Magistral 

                                                                      Roman J. Duque Corredor 
I

Energia Justicia y Paz.



A

 Los derechos humanos y la explotacion de las fuentes energeticas.



La primera reflexión que quisiera hacer es la relación entre la energía, la justicia y la paz.  Es indiscutible que los problemas derivados del uso y de la explotación de la energía pueden afectar los derechos humanos, cuya lesión es un desencadenante de la violencia, porque su violación amenaza bienes esenciales para la sociedad. Ello por cuanto las fuentes primarias de la energía son las que dispone la naturaleza , y por tanto,  son de la sociedad y de la humanidad, por lo que  su explotacion no puede ser ilimitada ni abusivas,  como las energías geotérmicas o bioenergías que son de la humanidad. Y en razón de que también las fuentes secundarias, derivadas de las transformaciones de las fuentes primarias mencionadas, como la gasolina, el gas, y la electricidad, son básicas para el nivel de vida de los consumidores finales.  Es decir, la relacion de las fuentes de energia con la justicia y la paz deviene de las garantias de los derechos de los pueblos, como derecho  humano  al acceso de dichas fuentes, como patrimonio de la humanidad.







B



El desarrollo sostensible ,  la Justicia y la Responsabilidad de los Estados.



La segunda reflexión, es que, ademas del caracter de patrimonio de la humanidad de las fuentes de energia, un orden justo en esta materia del uso y explotación de bienes de la humanidad,  es un instrumento para el desarrollo, integral y sostenible de los pueblos. Por ello el derecho internacional ha reconocido que la protección de estos recursos o bienes, imponen a los Estados y gobiernos la responsabilidad de actuar de buena fe, respetando principios universales humanitarios  y de promover la solidaridad con las regiones más pobres del planeta y con el principio de justicia intergeneracional de no dejar a las nuevas generaciones más empobrecidas.  Estas obligaciones son la contrapartida de los derechos de la humanidad a las fuentes de la energia.  



C



Necesidad de instancias internacionales para el establecimiento de las responsabilidades de los Estados por la violacion de los derechos de la humanidad sobre las fuentes de energia.



Y la tercera reflexion, es la de que si no se establecen instancias internacionales donde se pueda reclamar tales responsabilidades y hacerlas efectivas, o establecer medios compensatorios e indemnizatorios por los daños causados por los incumplimientos de esas responsabilidades,  así como que si no se le da legitimidad , o capacidad procesal, a los pueblos, a través de sus organizaciones de ciudadanos, de acudir a esas instancias, ese derecho internacional se queda solo a nivel de los tratados y las declaraciones, sin ninguna eficacia.







II

La corrupcion y los derechos humanitarios sobre las fuentes de energia.



 Las anteriores reflexiones  se vinculan tambien con el  tema de la corrupción y la mala gobernabilidad, por lo que su consideración en congresos relativos a la energía, la justicia y la paz, no pueden ser obviados, especialmente en los casos de los países en vías de desarrollo. A este aspecto dedicaré mis comentarios finales.



A

Los delitos de corrupcion en la explotacion de las fuentes de emergia y la necesidad de una gobernalidad internacional.



La corrupción y la mala gobernabilidad o el desgobierno o mala administración, como se le quiera llamar, comprende a asuntos como los lobbys y comisiones, o traficos de influencia, principalmente en países en vías de desarrollo, para obtener licencias, permisos, suministros, concesiones o contratos para la extracción de los recursos energéticos, como, por ejemplo,  el petróleo, facilitados por funcionarios corruptos o convalidados por instituciones subordinadas o integrantes del mecanismo de corrupción. O, por mecanismos insuficientes o inadecuados de control o por instrumentos mecanismos o procedimientos administrativos o judiciales ineficaces para prevenir, sancionar o erradicar estos casos de corrupcion, o para resarcir los perjuicios  causados a las poblaciones.  Y también por la inexistencia de instituciones de control del ambiente y de la calidad de vida de la población.  Por otro lado, hoy día el manejo ilegitimo de grandes sumas de dinero a nivel internacional derivado de la corrupción en países en desarrollo para la explotación de los recursos energéticos, es un dato que se refleja en los informes de los organismos de trasparencia internacional sobre tráfico ilícito de capitales, o en los de los organismos técnicos,  como un obstáculo al desarrollo energético sostenible. Y, también en los reportes de los organismos de defensa de los derechos humanos como un obstáculo al desarrollo social integral, entre ellos al derecho de acceso a las fuentes de energía necesarias para el nivel de vida de las poblaciones. A estos temas se agrega el mal uso que los gobiernos nacionales han hecho de los recursos energéticos.



 Y también  es corrupcion, que afecta a las poblaciones, la celebracion de  contratos leoninos impuestos por algunos grandes países a los países en desarrollo para evadir sus responsabilidades ambientales nacionales e internacionales.  Por tanto, en eventos internacionales relativos a las fuentes de energia, la justicia y la paz, en mi criterio,  uno de los temas a considerar es la penalización de esos hechos de corrupción, por supuesto, como el de otros derivados del manejo illegal de  la deuda pública externa,  en razon de que en la mayoría de esos países, las instancias penales nacionales son ineficaces, inadecuadas, insuficientes o cómplices, para prevenir o impedir esa corrupción o mal uso de las fuentes energeticas. Por lo que, ante la incapacidad de los Estados de prevenir e impedir este obstáculo, se debe incluir, en los congresos sobre energía, justicia y paz, el tema de la gobernabilidad internacional necesaria, a cargo de "una verdadera autoridad política mundial", con competencia internacional universal de protección de estos recursos vitales, como lo ha propuesto el magisterio de Benedicto XVI, en su Encíclica Caritas in Veritate  del 29 de junio del 2009 (n. 67).  En efecto, el romano pontifice razonaba su propuesta, diciendo “Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común “.  A lo cual agregaba que, “El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización[149], que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas” (n. 67)   Al igual que es necesario la promocion de un orden justo universal que impida los contratos leoninos en estas materias.  

 Propuestas estas a  las que  se ha  agregado  por la World Jurist Association la de una jurisdicción universal  con competencia para establecer las responsabilidades de gobiernos y gobernantes por los daños causados a las poblaciones o la humanidad por la corrupción y para la recuperación de los dineros ilegítimos para promover fondos de desarrollo de los pueblos víctimas de esos delitos. Y para calificar de leoninos los contratos que violen las responsabilidades de los países y contratistas en materias ambientales. Y para que en dicha jurisdicción universal se reconozca legitimidad a los pueblos para acudir y participar ante esas autoridades en sus procesos como parte legítima.



 No dudo del interés y de la importancia del tratamiento de este tema de los  recursos energeticos y los derechos humanos, por ejemplo, no solo Latinoamerica, y particularmente para Venezuela por ser su sistema de gobierno un signo paradigmático de la corrupción y del mal uso de los recursos energéticos y de la lesión del derecho de su población del acceso a los recursos energéticos básicos para su sobrevivencia y desarrollo integral causado por una mala administración.  Por lo que,  en razón de mi convicción de que la energía es un medio para el desarrollo, concluyo que los Estados  y el orden universal han de    garantizar  los derechos de las poblaciones sobre las fuentes energeticas, para promover la justicia y la paz univesarles,  que  ciertamente no garantiza el actual paradigma energético.  De alli lo trascendente de la propuesta de realizar un curso de especializacion sobre derecho energetico, justicia y paz, como el que llevara a cabo la Universidad de Aruba, promovido por la  World Jurist Association, que preside el venezolano, Dr. Franklin Hoet.
Oranjestad, 8 de diciembre de 2017

LA DOCTRINA CALVANI DE NEGOCIACIÓN PARA LA RECONCILIACIÓN Y LA PAZ

 


  LA DOCTRINA CALVANI DE NEGOCIACIÓN PARA LA RECONCILIACIÓN Y LA PAZ.

Román J. Duque Corredor *

 

 La Comisión  del Centenario del Nacimiento del Dr. Arístides Calvani, creada en el mes de junio, de este año, agradece su presencia en este Acto de su instalación formal, como inicio de la Programación  “Pensamiento, acción y obra de Arístides Calvani:  el Apóstol de la Democracia y Canciller de la Paz”, con la que se quiere no solo homenajearlo, sino principalmente perpetuar su memoria, porque como valor  humano,  nunca podrá ser olvidado y  porque, en la  historia de Venezuela  y en la de América Latina, su vida, por su personalidad integral, de humanista cristiano,  representa un “pre” y un “post”,  respecto de la democracia, la integración y la paz.   Hemos remitido por correo electrónico a los miembros de esta Comisión un Informe detallado sobre la planificación, las actividades cumplidas por el Comité Operativo y sobre los compromisos de la Programación Centenaria.  Solo faltó en este Informe incluir la posible realización de un acto homenaje en  la Academia de Ciencias Políticas y Morales, de Madrid, por cuanto esta información se recibió hoy  en la mañana.  El Informe se hace referencia de la decisión, consultada previamente, de editar  los  CUADERNOS COLECCIÓN CENTENARIO“PENSAMIENTO Y OBRA DE ARÍSTIDES CALVANI”,  que comprenderá los siguientes temas: 1.- “Calvani, la Política Internacional y, la Democracia”2.- “Calvani político y parlamentario”3.- “Calvani y la familia”4.- “Calvani, la formación en ciencias sociales, la acción social y  la participación popular” .5.- “Calvani y, el desarrollo sindical y laboral”6.- “Calvani, académico y jurista”7.- “Calvani y la formación humanista cristiana”8.- “Calvani y, el compromiso cristiano del apostolado”  y  9.- “Calvani y la profesionalización de las Fuerzas Armadas”.   En esta oportunidad, en razón de haber enviado el referido Informe, no daré lectura al mismo, sino que me referiré a la decisión que adoptó el Comité Operativo, de acoger la propuesta, que en su oportunidad hizo a la Comisión, el tristemente fallecido  Ingeniero Filippo Vagnoni, de formular la tesis Calvani de la negociación política como instrumento de resolución conflictos políticos.  Con esta decisión, la Comisión quiere vincular a la Programación Centenaria,  el recuerdo y la memoria, del Ingeniero Filippo Vagnoni, quien, desde su inicio fue un entusiasta promotor de la celebración del Centenario y uno de sus  más comprometidos colaboradores, personalmente, y a través de la Fundación “Rosa y Giuseppe Vagnoni”,  que dirigía.   El Comité Operativo, consideró que por cuanto la tésis Calvani, antes mencionada,  además de comprender un conjunto de principios básicos sobre la paz y los medios para obtenerla a través de instrumentos diplomáticos y jurídicos,  tuvo  también una acción práctica internacional; es decir, constituía un sistema,  se debería promover como “la doctrina Calvani de negociación para la reconciliación y la paz”.  Por mi parte,  he comenzado a elaborar el contenido material de esta doctrina,  en base a sus discursos y escritos sobre estos temas, que quisiera brevemente, compartir con ustedes, en algunos minutos.

 En primer lugar, la tesis de Calvani, parte de la idea de un consenso, es decir, de un conjunto de acciones y de actos para lograr un fin.  Esto es un acuerdo.  En segundo lugar,  como proceso Calvani se refería no sólo a un método y procedimiento para el acuerdo, sino fundamentalmente a  un marco axiológico que sirva de orientación a las decisiones de los participantes, fundamentalmente, los valores democráticos como valores superiores y el respeto de los derechos humanos, como un orden universal.  En  tercer lugar,  que en épocas de crisis humanitarias,  el consenso es  un  deber  ético porque su  fundamento es  el  derecho  humano a  vivir en  democracia,  es decir,  en  paz y  en  tolerancia.  En cuarto lugar, que  desde el punto de vista de  la eficacia de la institucionalidad democrática, los  pueblos tienen  el derecho  de  reclamar  el  ejercicio de la tolerancia  y  los poderes públicos la  obligación de restablecerla.  En quinto lugar,  que ciertamente,  que no es  la vía  de  hecho  o  de  la fuerza  la forma  de  reconstruir  el  equilibrio en  la  democracia cuando  ésta  está afectada por una crisis institucional.  Sino la  de   generar un  consenso entre   las fuerzas sociales,  si  de  verdad  se quiere reacomodar la   ecuación  entre gobierno y  sociedad  como  salida a la crisis institucional.  Por supuesto, que la doctrina Calvani, tenía en cuenta que  toda  negociación, para que esta no   fuera bloqueada,  por  su  falta  de  trasparencia y la mutua  desconfianza,   requiere de determinadas condiciones para  que resulte  una verdadera negociación. Es  decir,  que había  que  contar con agenda, objetivos,  método  y  plazos definidos.  Tales consideraciones de la doctrina Calvani, igualmente parte del criterio que este proceso implica,  que  sectores interesados admiten que existe una crisis que ha de solucionarse mediante un dialogo, como incluso lo ha sugerido el Papa Francisco. Para la doctrina Calvani,  de las  alteraciones  de  los  elementos  esenciales  de la democracia,  la  característica más dramática  es  la intolerancia y la  violencia, y  el   derecho humano  más afectado es el  derecho  a vivir en  paz y  en  desarrollo  económico y  social.   Es  decir,  el  derecho  a vivir en  convivencia y  en  libertad y con justicia.  Se  trata, entonces, de lograr de verdad un consenso  o un  acuerdo que asegure el restablecimiento de la  institucionalidad  y  el diálogo democrático,  y  que  permita   la  reactivación de la economía y  la  superación de  la pobreza  de la población  en  un  clima  de  libertad  y  de  paz.  Este  acuerdo en el fondo no es  sino  un  acuerdo  para la convivencia ciudadana, por lo que la participación de la sociedad civil organizada es fundamental en el proceso de negociación. .  En  otras   palabras,   el  reclamo del consenso  necesario  para  superar la crisis, se  basa,  pues,  en el derecho  humano de la convivencia,  que es un  valor superior  y  un  fin  esencial de la sociedad y  del Estado.  Vale la pena señalar, que resulta conveniente y  de  rigor,  recordar que  en   situaciones  de graves conflictos, como lo era la centroamericana para Calvani,  y es hoy, para Venezuela,   que   conforme el principio de   respeto de los derechos humanos,  practicar  la  tolerancia,  para   revisar mutuamente  decisiones  y  ceder  en  posiciones políticas,   no   significa renunciar  a  las  convicciones personales o atemperarlas,  como lo  proclama  el Artículo  1. 4 de la Declaración de  Principios sobre  la  Tolerancia del  16  de  noviembre  de 1995  de  la UNESCO.   

   Por otro lado,    lo  que  podría  llamarse la axiología  y la filosofía Calvani  para  resolver  las  crisis  de  institucionalidad  del sistema   político,    no  está   de más  recordarlas en  estos momentos en que la comunidad internacional vuelve a insistir ante el gobierno como  ante la oposición  de la conveniencia de negociar  un  consenso para  solucionar  la crisis institucional de  nuestra  democracia.  Esa axiología y filosofía,  concibe como la  base  del  consenso al pluralismo,  junto con  la ética  y  los  derechos humanos.   De  modo que  están  obligados, principalmente,  los  gobernantes,   a  reconocer la existencia de    una  sociedad plural que  éticamente  es  superior  a una  sociedad uniforme.  Y, una  forma de  manifestar el cumplimiento de ese  deber  ético,  ante  el conflicto que afronta el sistema  político, es promover el consenso político.   Además,  que  el  pluralismo  está  implícito,  en la libertad,  la  justicia y  la igualdad,  las cuales no son  posibles si  se  atenta contra  el  pluralismo  imponiendo una sociedad uniforme  o monolítica, favoreciéndose la polarización entre los antagonistas.   Por  otra  parte,  en  segundo término,   de acuerdo con la doctrina Calvani,  el  pluralismo,   que  es  la   base  para  el consenso,  parte  de  la idea  que  la  verdad política,  nunca es  unilateral  y  que en  materia  política no existe un  criterio absoluto,  sino  que  hay  que  atender  a la verdad  práctica y  real,  que la da  la  sociedad.  Esa  verdad es que la  confrontación y la polarización  representan  un riesgo  de violencia y  una amenaza para  la paz.  Asimismo,  en  su  dimensión  ética,  en  tercer  término,   de acuerdo con la doctrina Calvani, el consenso,  como manifestación del   pluralismo,  tiene  sus  límites, ya  que  no es  posible defender cualquier  cosa,  sino  la  que  se  justifique  racionalmente  y  la que  se  conforme con la axiología constitucional.   En  cuarto término,  ,   con relación a un posible   proceso de  acuerdo,  según esta doctrina Calvani,  las condiciones  de  la  negociación  han   de  ser  las  del llamado “discurso o dialogo ideal”,   que  reduce las   posibilidades   de  engaño, de ocultamiento, de  irracionalidad de los participantes,   o  de  bloqueo,  como la de  colocar  al participante  en  una  condición de  inferioridad a  la hora  de  negociar  por la interferencia de decisiones  sobrevenidas de una  parte  que  agravan  el conflicto,   pendiente el proceso  de  negociación.  Que    exige  que  los participantes sean  plenamente racionales,   capaces  de abandonar el  conflicto  y  lograr la  institucionalización de un  acuerdo propicio para  una sociedad  más justa.   Por  ello,   es  importante un esquema   de  dialogo  que   acredite  la condición de iguales de los  participantes,  como reconocer al “enemigo”   como contraparte  del Gobierno,    y  que   permita  la figura  de unos  negociadores  o  facilitadores,   confiables, que   aprecien   el grado de racionalidad o justicia del dialogo  real.   Y,  que  defina “la agenda” y   el “orden  del día”, que  sirva  de  referencia pública para  esa  medición y que evite los bloqueos de la negociación.   Esa  agenda, en el   proceso de  consenso,   serían los  temas  de  negociación.

 Desde otro orden de ideas, de los discursos y planteamientos de Calvani, de naturaleza ideológica humanista , se puede extraer el principio que  ese diálogo o   negociación  ideal,   supone  un  núcleo   axiológico irrenunciable  e  indiscutible,   representados   por  valores objetivos,   que  constituye  lo indudable,   fuera  de cuya  circunferencia  se  penetra  en  la zona  de discusión.  Es  la  idea  de un  conjunto de círculos  concéntricos,   que  según  Gregorio  Robles,    configura   la negociación ideal  en un   proceso  del  consenso político. En efecto,   el primer  circulo  esta  constituido   por  lo  indiscutible,  en   nuestro  caso,  la aceptación de  los principios  y  elementos esenciales  del orden  democrático,  del  repudio a  la   violencia,  la convivencia  democrática,  la vigencia  del  Estado de  Derecho  y  el  respeto  a  la  dignidad   de  todos los  venezolanos.  El segundo círculo, incluye  los  temas  respecto de los cuales es posible llegar  a  un  consenso matizando las diversas  partes sus  posiciones para  acercarlas a las de los  otros.  Y, por  último,  el tercer  círculo que  recoge  los  elementos de  valor  que  han  de  buscarse  para  la  elaboración del consenso racional o  real. Un aspecto crucial de estos diálogos,  es el perdón y el arrepentimiento de una y otra parte, bajo el concepto de justicia retributiva, es decir, la que busca la paz mediante la armonía entre la justicia y la reconciliación que ha sido aplicada en procesos difíciles como los acuerdos de paz de Chile, Sudáfrica, Guatemala y el Salvador, y últimamente en Colombia. Por supuesto, que la justicia retributiva no comprende los delitos de lesa humanidad, ni los de narco política, ni los de violaciones graves de derechos humanos. Finalmente,  encuentro en la tésis de Calvani sobre la negociación para la reconciliación y la paz, el principio de la legitimidad democrática,  según el cual es al pueblo, a quien corresponde decidir en definitiva sobre las cuestiones fundamentales envueltas en la negociación, por cuanto, porque, como decía Calvani,  “solo el pueblo salva el pueblo

 

 

     En Venezuela,   en un  dialogo  ideal   para  conseguir  un consenso  real,   como  solución  a un  conflicto  político,  hay que ponderar nuestra actual situación,  con una Asamblea Nacional Constituyente ilegítima,  porque en la supuesta negociación su reconocimiento es un planteamiento del gobierno, aduciendo que con una nueva Constitución se soluciona la presente crisis política.  Al respecto, debe recordarse que es  verdad  que  la  Constitución define el   marco axiológico y  procedimental  del   proceso  de  negociación,  la cual no puede ser sino la vigente.   Sin embargo, como expresa  Diego  García  Belaunde,  constitucionalista  de la Pontifica Universidad  Católica del Perú,   que es  una  premisa  falsa que  los   procesos  constituyentes  o de reforma constitucional, y  su  producto  final,  la  Constitución  tienen la  solución  a todos los  conflictos políticos.  Por el contrario,  afirma  este constitucionalista,  que, por  desgracia,  no  sirven  para  arreglar  nada,  pues  ellas  nunca  son  fines  sino  medios  . De  modo,  que si  el  conflicto  político tiene  alguna  de  sus  causas en  la  llamada Constitución Política,  otro dato  real,   en  el  proceso  de discurso o negociación, es  lo  que  Gregorio  Robles  denomina “ el dialogo ínter sistemático” o  “ dialogo  post constitutionem “,  que  afecta no  sólo el  desarrollo normativo inferior a la Constitución,  que  debe  darse al  nivel del Parlamento y  en  los  Tribunales Constitucionales,  sino  también a la propia  Constitución,  si  se detecta  que el modelo político ideal   de democracia que  recoge  no resulta  ser  en la  práctica una  democracia   real, en  cuyo caso se adelantaría el   procedimiento  para  su  modificación o enmienda por el  proceso de  consenso previo.  Es decir, que, a mi juicio, y me atrevo a decir, que conforme a los principios democráticos de la doctrina Calvani, que, en un proceso de negociación, el tema del reconocimiento  la Asamblea Nacional Constituyente, debería ser objeto de un referendo popular, para que el pueblo sea quien decida si la reconoce o no la reconoce, en razón del principio de la legitimidad democrática que ha de convalidar toda la negociación.

 

  Por último,  encuentro en el rico y enriquecedor pensamiento del Papa Francisco ideas y principios propios de la doctrina Calvani sobre el dialogo, la mediación, la paz, la justicia, la rehabilitación de la política, la solidaridad, el bien común y la paz social, el dialogo social, la fraternidad, la cultura del encuentro, el rechazo de la cultura del descarte, la dignidad de la persona humana, la corrupción y la colonización ideológica.   Hoy día la doctrina Calvani, de origen internacional, es de vigencia en nuestro problema político interno,  por cuanto de su sistema , se extraen  principios sobre la concientización de la cultura de la reconciliación en un ambiente de gran conflictividad, como lo es el de Venezuela, en el cual la ira tiene justificación, pero donde lo fundamental es la liberación de la situación de la presente situación de opresión y de injustica, y donde son sujetos fundamentales el gobierno y la oposición y en el cual quienes han sido víctimas no solo tienen derecho a ser escuchadas, sino también la responsabilidad en la búsqueda de la reconciliación a través de la justicia retributiva, que armonice el perdón con el arrepentimiento, puesto que sin una verdadera justicia no se consigue una verdadera paz.   Propongo, pues, que en la Programación “Pensamiento, acción y obra de Arístides Calvani: el Apóstol de la Democracia y Canciller de la Paz”, hagamos énfasis en su “doctrina de negociación para la reconciliación y la paz” y de su ejemplo de una vida cristiana en la política

 

*Presidente de la Comisión del Centenario

Caracas, 22 de noviembre de 2017.  

 RUPO DE PENSAMIENTO DEMOCRISTIANO PATRICIO AYLWIN


“Ética y Política”. “Humanismo y Tolerancia”

Sección Opiniones





“LAUDATO SI”: RUTA Y PLATAFORMA DEL DESARROLLO SUSTENTABLE HUMANITARIO[1].

Román J. Duque Corredor[2]



  Al culminar 2105, el 25 de septiembre de este año, los estados miembros de la ONU, adquirieron el compromiso de adoptar la Agenda 2030, puesto que culminaba el periodo de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que habían sido establecidos en el 2000, como parte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que contempla los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que comprenden 169 metas.  Debe recodarse que La Agenda 2030, que entró en vigor oficialmente el 1 de enero de 2016, es el clamor de una acción global para los siguientes 15 años de los países que conforman las Naciones Unidas, que se comprometieron a emplear los medios necesarios para la implementación de tales los Objetivos y a promover alianzas con el objetivo especialmente de atender las necesidades de los más pobres y vulnerables.  En verdad, que los Objetivos, en cuestión, son una ruta hacia el desarrollo sostenible en las áreas económica, social y ambiental mediante la innovación y la acción común, para lo cual se debe promover la participación de nuevos actores, es decir, del sector privado y la sociedad civil.  Ese mismo año, con anterioridad, el Papa Francisco, el 24 de mayo, publicó su carta encíclica “Laudato Si’, dirigida a todas las personas de buena voluntad sobre la base del vínculo entre dignidad, desarrollo y ecología humana y para ello, invita a entablar un diálogo sobre nuestra “casa común”, concretamente, sobre “la rapidacion”, o la crisis medioambiental, que implica el examen de las relaciones interpersonales, así como entre nuestro planeta y la economía.  Porque, en palabras, del Pontífice, “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos y porque esta relación se refleja en los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenibles por estar interconectados.

 Tal Encíclica constituye una visión humanista de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, en razón que parte de la idea que la dignidad de la persona humana es la esencia de su contenido, haciendo enfasis en el compromiso de los estados respecto de estos objetivos de no dejar a nadie atrás, atendiendo “a los más rezagados” y escuchando el “clamor de los pobres”.  Es verdad, que, en la conformación de dicha Agenda, se siguió un proceso abierto e inclusivo y dentro de un equilibrio entre las naciones, por lo que es un Programa que se aplica universalmente y en el cual se pretende que su mayor peso no recaiga en los países pobres. Por ello, un objetivo central es acabar con la pobreza, en lo que coincide con la Encíclica “Laudato Si”.  La diferencia está en cómo acabar con la pobreza, puesto que el documento pontifico cuestiona que el crecimiento económico sin límite es posible, en razón de que este “supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a ‘estrujarlo’ hasta el límite y más allá del límite”. Y propugna por una definición actual de progreso puesto los ODS no cuestionan la definición actual de progreso, pero dependen principalmente del crecimiento económico para acabar con la pobreza, sin reconocer que el actual modelo económico mundial no puede afrontar plenamente desafíos compartidos. Por tanto, en la Encíclica, en comento, ello su invitación a un diálogo para redefinir el significado del progreso y promover un desarrollo humano integral que nos beneficie a todos, en especial a las personas más pobres y vulnerables, a la vez que se respete el medio ambiente natural. En este orden de ideas, con relación al ODS de Erradicación de la Desigualdad, la “Laudato Si” afirma que es necesario erradicar todo tipo de desigualdad, tanto entre los países como en el seno de cada país y reconoce los vínculos entre la desigualdad, los daños ambientales, la capacidad de respuesta de las personas, la migración y el aumento. Particularmente, en dicha Encíclica, se señala como una muestra evidente de desigualdad social, “la falta de acceso equitativo a la tecnología, los alimentos, la salud y el agua” y, la falta de alimentos, lo cual en nuestro pais es evidente. Y que, debemos combatir las causas estructurales y relacionales de la desigualdad, lo que también implica realizar un examen de conciencia y cuestionar nuestro papel.

El Papa Francisco, bajo estas orientaciones, urge, particularmente a los cristianos, ante la crisis de un mundo deshumanizado "de avanzar en una valiente revolución cultural" para superar fundamentalmente los problemas del deterioro o "rapidacion" de la calidad de vida o de la degradación humana y social como causas de la destrucción del ambiente natural que afecta especialmente a los débiles de nuestra Casa, o sea, la tierra. Para ello traza como líneas de pensamiento el sostener y dialogar sobre la conciencia de un origen común, de una pertenencia común y de un futuro compartido por todos. Por eso señala como líneas de orientación y acción el dialogo sobre el medio ambiente en la política internacional, el dialogo hacia nuevas políticas nacionales y locales, el dialogo y trasparencia en los procesos decisionales, una política y una economía para la plenitud humana y el dialogo de las religiones con las ciencias. Para lo cual Francisco postula el principio del amor civil y político, es decir, la convivencia y la unión común y el sentirnos responsables por los demás y por el mundo. Particularmente el amor civil y político es también realizar acciones que procuran construir un mundo mejor, que no solo deben practicar quienes trabajan de manera directa en la política. Francisco nos recuerda que la política, como expresión del amor por la sociedad y del compromiso por el bien común, es "una forma excelente de la caridad" como manifestación del "ideal de la civilización del amor", que Paulo VI propuso en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1977. En su Encíclica “Laudato Si”, el Papa Francisco, nos invita a los cristianos, religiosos y laicos, políticos y no políticos, a que conformemos una conciencia común sobre esa revolución cultural, ética y social, que nos comprometa a llevar a cabo acciones que procuren presentar unidos una plataforma de la ecología humana de solidaridad y de opción de los pobres para construir un mundo mejor. Es decir, el Pontífice, como dice el Profesor colombiano Rodrigo Uprimy Yépez, quien se confiesa no religioso, “habla a la humanidad entera, o como él dice, a todos quienes ocupamos esta “casa común”, que es la tierra”, puesto que si bien, en algunos de sus capítulos   su lenguaje es teológico y parece relevante sólo a los cristianos,  “el resto de la encíclica usa un lenguaje científico y ético que permite un diálogo más universal[3].

En este orden de ideas, considero que el planteamiento de la construcción de una tesis humanista es una ruta y una plataforma para el desarrollo sustentable, del cual se habla mucho y se construye poco por las distintas visiones que sobre el concepto de desarrollo se pueden sostener. Para esa tesis, en palabras del profesor colombiano Luis Fernando Fernández Ochoa[4]no se puede simplemente proponer un humanismo, “que ofrece contenidos teóricos que se dirigen solo a la mente, pero descuidan el corazón”; pues, “no basta la exposición, ni siquiera el análisis y la discusión de temas sociológicos, políticos, históricos y aún éticos si no vamos más allá; es preciso dar el paso a la formación humanitarista.”.   De acuerdo con esta premisa,  según el mencionado Profesor, “debemos dar el paso hacia un humanismo humanitario, porque, como escribe Heidegger, «el humanismo, si significa algo, significa lo contrario de inhumanidad», lo que implica que formar en humanidades, o mejor todavía, formar en humanidad, no es otra cosa que enseñarle al hombre a cuidar de sí mismo y de los otros, para darle al mundo una «medida humana» y para que, en lugar de fatigarnos buscando un alto «nivel de vida» que muchas veces conduce al hastío, aprendamos a trabajar por alcanzar una vida de calidad”.  Y que, para él, dice, los principios y los equilibrios necesarios para la formación humanitarista se encuentran en la Encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco.  

    Recordar la Encíclica “Laudato Si”, a sus cinco años, es significativo en momentos en que la Pandemia del Covid-19 ha evidenciado un mundo deshumanizado, y una Venezuela inhumana, por la falta de un humanismo humanitario, es decir, más allá de lo económico, de lo técnico y de lo político.

Caracas, 17 de mayo de 2020







[1][1]    Según las reglas del del Grupo Democristiano los artículos publicados bajo esta Sección no comprometen la responsabilidad del Grupo, sino que corresponde a su autoría. 
[2] Coordinador del Grupo de Pensamiento Democristiano Patricio Aylwin, exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia de Venezuela, Individuo de Numero de la Academia de Ciencias Politicas y Sociales y profesor universitario.

[3]“Nuestra Casa Común”, (https://www.dejusticia.org/column/nuestra-casa-comun/, consultada el 17 de mayo de 2020)
[4]“De la instrucción humanista a la formación humanitarista”, Revista Universitas Científica, diciembre 2017, de la Universidad Pontifica Bolivariana, Medellín, Colombia   (https://pdfs.semanticscholar.org/46e5/cd27c831f0e5862ff0f6dc4ee9389ebb3b8b.pdf, consultado el 17 de mayo de 2020).

APORTE DEL HUMANISMO CRISTIANO AL HUMANISMO AMBIENTAL

 

APORTE DEL HUMANISMO CRISTIANO AL HUMANISMO AMBIENTAL

GRUPO DEMOCRISTIANO PATRICIO ALYWIN

Ética y Política”. “Humanismo y Tolerancia”

 

Serie Opiniones[1]

“Será responsabilidad del Estado velar por la protección de las riquezas nativas en materia de flora y fauna, por la calidad del aire y del agua, de los ríos, lagos, lagunas y del mar territorial, de los recursos renovables y no renovables, de tal modo que se mantenga el equilibrio ecológico necesario para la vida y que la naturaleza no sea destruida por la actividad de explotación y usos indiscriminados” (Patricio Aylwin, “Programa de gobierno)

 

 

APORTE DEL HUMANISMO  CRISTIANO  AL HUMANISMO AMBIENTAL

Román J. Duque Corredor[2]

 

   En el magisterio de la catedra de Roma es posible distinguir como fuentes del humanismo cristiano diversos documentos pontificios, entre encíclicas, cartas y discursos. Estas fuentes son caracterizadas por su contenido. Asi, por ejemplo, las Encíclicas Rerum Novarum  de León XIII  (1891) se distingue por la cuestión social en razón del impacto político que generaba la revolución industrial y que transformó las relaciones de trabajo en el mundo;   la Humani Generis de Pio XII  ( 195)  sobre la  falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica; la  Pacen in Terra  de Juan XXIII  (1963)  sobre la promoción de la paz entre todas las naciones y de condena a la carrera armamentista; la Populorum Progressio de Paulo VII  (1967) sobre el progreso de los pueblos mediante el desarrollo social para alcanzar la paz entre los pueblos;  la  Laborem Excersens  de Juan Pablo II (1981)  acerca de la dignidad del trabajo humano ;  la Caritas in Verítate de Benedicto XVI (2009) dedicada a examinar la globalización y recientemente la Laudato Si del Papa Francisco  (2015)  que se refiere a aspectos ambientales y a la  invitación  a salvar el planeta.  De estos documentos es posible deducir nociones y principios no solo para el humanismo cristiano, sino tambien para la confluencia de la doctrina del humanismo contemporáneo. Una de esas fuentes es la Encíclica Laudato Si, del Papa Francisco, de 24 de mayo de 2015, que, junto con su Mensaje ante la 70ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 25 de septiembre del mismo año, con motivo de la Cumbre sobre la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, constituyen las fuentes del humanismo cristiano respecto del derecho al ambiente, la biodiversidad y la ecología. Es decir, desde el punto de vista del derecho humano al desarrollo y de la conservación de la naturaleza como principio ‘ético, más allá de lo técnico y conservacionista. Por su importancia para la doctrina humanista, vale la pena destacar el contenido de lo que podría llamarse “el ecologismo cristiano”.

 Para el humanismo cristiano existe un verdadero «derecho del ambiente», por dos razones.  Primeramente, porque los seres humanos son parte del ambiente y, por tanto, viven en comunión con él. Por ello, el ambiente comporta límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar, puesto que trascienden más allá del ámbito físico y biológico del adelanto de la ciencia, de la técnica, de la industria y el consumo, por las capacidades de progreso del hombre.  Es decir, la humanidad es un cuerpo formado por elementos físicos, químicos y biológicos, que solo puede sobrevivir y desarrollarse si el ambiente ecológico le es favorable.  De allí que cualquier daño al ambiente es un daño a la humanidad. Y, en segundo lugar, el ambiente es un verdadero derecho, porque cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas.  Por esta razón, los cristianos, junto con las otras religiones monoteístas, creen que el universo proviene de una decisión de un creador, que permite al hombre servirse de la creación para el bien de sus semejantes y para gloria del creador, pero que no puede abusar de ella y mucho menos está autorizado a destruirla.  De este planteamiento se deduce que el humanismo el ambiente es un bien fundamental.

 Por otra parte, para el humanismo cristiano el abuso y la destrucción del ambiente generan un imparable proceso de exclusión social.  Porque abusar de los recursos materiales disponibles excluye de su aprovechamiento a los más débiles y con menos habilidades.  Esta exclusión económica y social por el abuso ambiental es una negación de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y, por supuesto al ambiente, como bien fundamental.  Por ello, en el humanismo la “cultura del descarte”, o la cultura de exclusión a todo aquel y aquello que no esté en capacidad de producir, excluye a los seres humanos no solo del creador, sino tambien de las cosas, de los animales y de los bienes de la naturaleza.  Por tanto, para el humanismo los procesos de exclusión economica social y ambiental atenta contra el derecho básico a la vida, la libertad y la propiedad.

En ese orden de ideas, los compromisos asumidos internacionalmente solemnemente, si bien son necesarios para el derecho al ambiente, la noción clásica de justicia de constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi, debe acompañar esos compromisos como elemento esencial de una voluntad constante y perpetua de cumplir esos compromisos o declaraciones.  Es decir, para el humanismo el nominalismo declaracionista, como un efecto tranquilizador en las conciencias es ineficaz, en la lucha contra todos los flagelos de la “cultura del descarte”.  Parte de esa voluntad es la de promover la cultura y la educación ciudadana para proteger y recuperar el ambiente.

 En ese contexto del derecho al ambiente como parte del derecho al desarrollo, existe la obligación internacional de los estados de garantizar una mínima base material y espiritual para las personas de ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social.  Es decir, materialmente: techo, trabajo y tierra: y la libertad de espíritu, que comprende el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de la persona humana. Asimismo, el derecho del desarrollo humano integral tiene como fundamento el derecho a la vida, es decir, el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana. En consecuencia, para el humanismo la proteccion del ambiente es parte del derecho a la vida.

En el mismo orden de ideas, para el humanismo cristiano la crisis ecológica, y la destrucción de la biodiversidad, atentan contra la existencia misma de la especie humana.   Puesto que “El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza» (Benedicto XVI, citado en Laudato Si).  De modo que la defensa del ambiente, de la biodiversidad y la lucha contra la exclusión son principios ‘éticos inscrita derivados de la naturaleza humana, que comprende el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones.  Para le humanismo cristiano y para el humanismo, en general, la aplicación de estos principios ayuda a resolver los graves desafíos de la degradación ecológica y de la exclusión y a garantizar el derecho al ambiente como parte del derecho al desarrollo integral.

De acuerdo con lo expuesto en el humanismo cristiano, y, a mi juicio, en la doctrina humanista, existe una ética medioambiental que comprende diversos principios filosóficos, criterios normativos y de accion[3], que definen un pensamiento doctrinario humanista ambiental.

Como principios o ideas básicas, son los siguientes:

  1. La Tierra es nuestra casa común dónde habita la familia humana, que como un gran ecosistema en el que estamos inmersos se debe cuidar en interés de todos.  En esta “casa común” quien habita es la humanidad o la “familia humana”.
  2.  Los problemas ecológicos incluyen al ser humano, los cuales son: la creciente contaminación del aire, de las aguas y del suelo, la acumulación de basura y la cultura del descarte, el cambio climático, la escasez de agua y la perdida de la biodiversidad, pero también la des­trucción del ambiente humano, con problemas de deterioro de la calidad de la vida humana, degradación social, la inequidad mundial y la debilitación de las relaciones humanas.
  3. La naturaleza ha de ser vista como un bien de la creación que nos refleja su hermosura y bondad, donde cada criatura tiene un valor y un significado y donde todos los seres están interconectados.
  4.   En los   problemas ecológicos si bien la cultura y las estructuras socioeconómicas tienen influencia, tambien hay responsabilidad humana contra la creación, puesto que dependen de la conducta de las personas y de los gobiernos, que manifiesta en los síntomas de enfermedad en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. 
  5.  Existe una íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, puesto que a aquellos son quienes más afectan la contaminación, la escasez de agua, la explotación desmesurada de recursos naturales y los basureros descontrolados.

Aparte de los anteriores principios éticos ambientales el humanismo cristiano ecológico y para la doctrina humanista ambiental, se pautan como criterios normativos o de orden, los siguientes:

  1.  Hay un orden natural en el medio ambiente y en la vida humana que debe ser respetado como un orden o derecho natural propio, por lo que se debe respetar las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo.
  2. La tierra es esencialmente una herencia común y sus frutos deben beneficiar a todos y que nos lleva a vernos como administradores responsables de la creación y no como pro­pietarios y dominadores autorizados a expoliarla en búsqueda de los propios intereses Ademas, la preocupación por las futuras generaciones, obliga tambien a la consiguiente solidaridad intergeneracional que ha de armonizarse con la solidaridad con los desfavorecidos actuales.
  3.  Existe una “deuda ecológica” generada a lo largo del tiempo con daños ecológicos locales relacionados con ex­portaciones de algunas materias primas, con desequilibrios comerciales y con la contaminación global creada por países desarrollados.

Y, los anteriores principios y criterios de orden o normativos, se desprenden los siguientes criterios para la accion:

  1. La promoción de una “ecología integral” ambiental, económica y social.
  2. Recuperar una visión profunda de la naturaleza y reconocer el valor propio de cada criatura, trascendiendo el lenguaje de las matemáticas o de la biología, que contemple la naturaleza en conexión con la esencia de lo humano.
  3. Las soluciones ecológicas han de incluir diálogo, actuaciones tanto institucionales como personales y el recurso a la cultura y a la espiritualidad, que van desde el grupo social primario, la familia, pasando por la comu­nidad local y la nación, hasta la vida internacio­nal. Y, acciones cotidianas, de educación, creatividad; y de presión sobre el poder político, económico y social: y de atencion a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritua­lidad.
  4. Promover una “conversión ecológica” como estilo de vida” sin obsesionarse por el consumo y que desarrolle en los seres humanos la creatividad y su entusiasmo para resolver los dramas del mundo, y a entender su superioridad no como motivo de gloria personal o de dominio irresponsable, sino como una capacidad diferente, que a su vez le impone una grave responsabilidad que brota de los principios ‘éticos ambientales.

Puede decirse, de lo expuesto, que el humanismo cristiano aporta principios filosóficos, criterios normativos y de accion que definen un pensamiento doctrinario humanista ambiental que cada vez cobra vigencia y que se ha venido imponiendo el orden internacional.

 

Caracas, 3 de agosto de 2020

 



[1]  Los artículos de la Serie Opiniones es responsabilidad de sus autores y no compromete al Grupo Democristiano Patricio Aylwin.

[2] Exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Politicas y Sociales. Coordinador del Grupo Democristiano Patricio Aylwin.

[3][3] En este tema sigo a Domènec Melé, en su artículo “Medio ambiente: doce ideas calves del Papa Francisco (IESE Business School University of Navarra, 24 de junio 2015).(https://blog.iese.edu/eticaempresarial/2015/06/24/medio-ambiente-doce-ideas-claves-del-papa-francisco/)